¿La intervención de una organización internacional es realmente garante de la creación de políticas educativas ajustadas al contexto de cada nación?
Lingard y Rizvi (2013) al analizar las políticas educativas en la actual globalización encuentran que los sistemas educativos en todo el mundo son más complejos y extensos de lo que alguna vez han sido; en tal medida, se podría decir que la función de la UNICEF, OECD y UNESCO, entre otras instituciones es velar por la calidad de la educación a nivel mundial, más allá de las dinámicas y características nacionales y gubernamentales de los diversos territorios, para de esta manera ayudar a combatir la desigualdad entre regiones, disminuyendo la brecha de los países desarrollados y aquellos en desarrollo; esto, tomando conciencia de que: “Se ha dado un cambio prácticamente universal resultando en políticas de privatización y comercialización de la educación, y a su vez mayor demanda de responsabilidad hacia las instituciones educativas” (Lipman, 2004, p. 34).
Sin embargo, es
cuestionable el grado de ajuste de las políticas educativas propuestas desde
estas entidades a los contextos de cada nación, ya que incluso dentro de cada
país hay múltiples comunidades y territorios que generan variaciones que pueden
afectar los procesos educativos y a todos los actores involucrados en los mismos.
Para que las políticas educativas realmente se adapten al contexto, deben ser
producto de un proceso minucioso, participativo y que considere a todos los
actores educativos presentes en cada territorio; esto es muy difícil de
realizar desde una perspectiva externa, y las entidades como la UNICEF; OECD y
UNESCO pueden pecar de exceso de generalización, obligando a las poblaciones a
adaptarse a sus normativas y lineamientos, en vez de responder con ellos a las
necesidades, particularidades e intereses de dichas comunidades.
Entonces, siendo
la política una “asignación autoritaria de valores, y ya que las políticas del
sector público están inherentemente marcadas por la interacción de hechos,
normas y acciones deseadas” (Flores, 2013, p. 9), se debe asumir ante la
política educativa contemporánea una mirada crítica, para reconocer su utilidad
y aplicación, pero también la marcada influencia de los intereses capitalistas
e industriales en las mismas, igualmente conscientes de los ajustes necesarios
para su aplicación en la comunidad educativa propia, y de aquellas situaciones particulares
en las cuales no aplica y se deben seguir criterios particulares.
Referencias
Bibliográficas:
Flores, P.
(2013). El Enfoque de la Política Basado en la Evidencia. Diálogos Sobre
Educación, 13, p. 2-12.
Lingard, B., y
Rizvi, F. (2013). Políticas Educativas en un Mundo Globalizado. Madrid,
España: Ediciones Morata, S.L.
Lipman, M.
(2004). Natasha: Aprender a Pensar Con Vygotsky. Barcelona, España:
Editorial Gedisa.
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